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La salvadoreña que ganó su primera maratón en “yinas”.

En el campo, la única compañía de Idelma son los cantos de los gallos, pero ahora deberá parar los entrenos en busca de una plaza a los Olímpicos, a raíz de la cuarentena domiciliar.

Pese a la incertidumbre que hay entorno a la realización de los Juegos Olímpicos por el coronavirus, y las limitantes que la pandemia ha traído para que los atletas entrenen con normalidad, la maratonista salvadoreña, Idelma Lizeth Delgado, no renuncia a su sueño de correr por las imponentes calles de Tokio.

Más allá de la incertidumbre y las altas probabilidades de que la competición pueda cambiar de fecha, a la atleta no le preocupa, por lo que, antes del período de 30 días de cuarentena domiciliar impuesta anoche por el Gobierno, ella se entrenaba con total normalidad favorecida, en parte, por la geografía de su territorio al vivir en el campo en la zona noroccidental del país.

“Vivo en Carretera a Candelaria de la Frontera, Cooperativa Santa Adela, Colonia San José. Es una zona rural, así que había podido mantener mi plan de entreno normal. Por vivir en el campo, podía salir a correr en las mañanas libremente, sin riesgo de contagiarme el coronavirus, ya que no hay mucha gente”, manifestó en una entrevista concedida al Comité Olímpico de El Salvador (COES).

Soldado de primera clase del Ejército, a los 29 años Idelma encontró en el atletismo su deporte. Anteriormente practicaba fútbol, representando los colores de la Universidad de El Salvador (UES), institución en la que todavía estudia Medicina.

Su interés por el atletismo surgió cuando la invitaron a correr una maratón de 21 kilómetros, la cual ganó a la primera. “Ahí vi que podía”, manifiesta Idelma.

Su segundo desafío fue cuando meses después la invitaron a correr el maratón del COES en 2015, con recorrido en el Puerto de La Libertad.

“Llegué a probar, sin entrenar mucho y sin prepararme, y quedé en primer lugar”, dice. “Lo máximo que hice en mi preparación fueron 30 kilómetros, desde La Ceiba a El Congo (Santa Ana), ida y vuelta. Yo me dije que si podía hacer 30, también iba a poder hacer 42 sin problemas. Es más, yo no tenía dieta ni me hidrataba bien. Tomaba agua y suero y comía frijoles, que es mi plato favorito. Es más, en ese mi primer maratón corrí con unas zapatillas plumitas, casi como que eran yinas. Y a pesar de todo eso gané”, recuerda.

Confiesa la maratonista que su rutina diaria empezaba muy temprano, cuando la única compañía son los primeros cantos de los gallos, pero ahora deberá parar los entrenos a raíz de la cuarentena domiciliar que la obligará a estar guardada por 30 días.

“Para mí correr significa liberarme, soltarme. Se olvida uno de problemas de la vida cuando está corriendo. Yo lo hago por la zona de donde vivo, aquí en el campo entreno en calles pedregosas, no importa el lugar. Si no hay camino, yo hago camino, salvo que haya monte o cualquier cosa que me pueda lesionar. Pero entre más feo sea el terreno, mejor, ya que uno agarra más fuerza en las piernas”, dice Idelma, quien el año pasado logró en Costa Rica el título de campeona Centroamericana de Campo Traviesa.

Con estas medidas Tokio para aún más lejano para Idelma, pese a estar entre las salvadoreñas con más probabilidades de alcanzar los Juegos Olímpicos. Por hoy, la atleta deberá buscar otras alternativas para mantener su condición física, pues, al final, los caminos más pedregosos siempre tienen guardado algún premio, aunque sea solo ver el sol reluciente de la mañana en la cima de la pendiente.

En plena emergencia sanitaria, poder respirar ya es sinónimo de alcanzar medalla en un país en crisis. De superar esto, llegar a Tokio sería para Idelma como ganar el Mundial.

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